Sofrología y paseos sofrológicos en la revista Mujer Hoy

Hay una cosa que tienes que saber sobre el cerebro: es un poco holgazán y, siempre que pueda, recurrirá a la ley del mínimo esfuerzo. Le gusta ir, como si dijéramos, en piloto automático y siguiendo siempre los mismos circuitos neuronales para desarrollar la actividad física y mental cotidiana. Así que, a estas alturas del año, está cómodamente apoltronado en la rutina y rindiendo lo justito. A eso hay que sumarle la omnipresencia tecnológica que suple el trabajo de nuestra memoria (¿cuánto hace que no aprendemos un número de teléfono o calculamos una ruta mentalmente?) y la función multitarea que tenemos continuamente activada. Pasar rápidamente de una función a otra también tiene un costo cognitivo, ya que la mala administración de la atención no solo nos conduce con frecuencia al error, sino que a la larga genera improductividad, ansiedad y estrés. Y el estrés, a su vez, fulmina neuronas.
Conclusión: que no estaría de más aprovechar las vacaciones para proporcionar a nuestro cerebro un buen chute de nuevos estímulos con los que lograremos tres objetivos: librarnos del estrés, centrar la atención para optimizar nuestro rendimiento y mejorar nuestra capacidad cognitiva. La buena noticia es que no está reñido con disfrutar del verano. Al contrario, basta con despertar los sentidos y experimentar nuevas y placenteras sensaciones.

 

NATURALEZA PARA FULMINAR EL ESTRÉS

Etimológicamente, sofrología significa estudio de la conciencia en equilibrio. En algunas escuelas de Suiza y Francia se les enseña a los alumnos para manejar el estrés antes de los exámenes y optimizar su concentración, ya que el uso de la técnicas sofrológicas mejora la plasticidad del cerebro y la atención, reduce la ansiedad e incrementa las capacidades y los recursos personales.

Esta disciplina reúne una amplia variedad de técnicas (de relajación, ejercicios respiratorios, movimientos corporales…), que se combinan para tomar conciencia de nuestro cuerpo, mente y emociones. “A nivel corporal, aprendemos a eliminar tensiones, lo que nos ayuda a tener menos somatizaciones como dolores de cervicales, lumbares, etc. A nivel mental, aprendemos a serenar la mente y a contemplar nuestros pensamientos, dejando pasar los que son destructivos o cambiándolos por otros positivos, que nos ayuden a resolver mejor el estrés”, explica Teresa Martín, psicóloga especializada en sofrología.
Además… Teresa Martín organiza y dirige en los alrededores de Barcelona paseos sofrológicos por la naturaleza, que siguen los diferentes grados del método llamado Relajación Dinámica de Caycedo. Tras una breve introducción a esta disciplina, la actividad comienza con unos ejercicios de estiramiento y respiración. Después se empieza a caminar de manera consciente, inspi- rando el aire al levantar el pie y expul- sándolo al apoyarlo. Más tarde se realiza una relajación de todo el cuerpo y la activación de todos los sentidos para aprender a contemplar mejor la naturaleza que nos rodea, y seguidamente se activa el valor de la gratitud. La jornada prosigue con una marcha tranquila, cada uno a su ritmo, en la que con los ojos abiertos se contempla el entorno como si fuera por primera vez y, con los ojos cerrados, se contempla el mundo interior, es decir se dirige la atención hacia lo que estamos sintiendo. “Para terminar hacemos un ejercicio de alimentación consciente. Llevo un alimento de cada uno de los cinco sabores (pasas, trozos de limón, endivias, almendras saladas y jengibre) y los vamos probando de una manera consciente, contemplándolos con los cinco sentidos”, concluye la experta.

 

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MH

04 septiembre 2018

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