Sofrología, «extraña palabra».

Hoy os dejamos con una bonita y emotiva carta de una alumna que realizó un curso de Sofrología en el Hospital de la Esperanza, dentro del grupo Ágata, constituido por mujeres con cáncer de mama.

Sofrología…. “Extraña palabra” pensé la primera vez que la oí. Circunstancias de la vida hicieron que me embarcara en una nueva experiencia de la que nada sabía y de la cual no tenía referencia alguna.

14 de enero del 2015, Hospital de la Esperanza, sexta planta, una fría sala blanca donde se impartían cursos con unas vistas extraordinarias del skyline barcelonés. No conocía a nadie. Diez mujeres, diez historias, diez vivencias y todas unidas por un denominador común: un curso llamado sofrología. Empezamos con nuestras presentaciones y pensé: “¿Lo ves?, no estás sola, hay mujeres con tu mismo problema”. Dicen que mal de muchos consuelo de tontos, pero en esos momentos me sentí reconfortada.

Se llama Dr. Koen. Es un médico holandés de expresión afable y con una empatía extraordinaria. Hizo una breve introducción al método sofrológico y el curso comenzó. Semana tras semana nos reuníamos cada miércoles, y aquellas mujeres, que al principio eran unas desconocidas, empezaron a formar parte de mi vida en un proceso que, en bastantes ocasiones, puede resultar muy duro. El doctor Koen nos fue enseñando una técnica semanal que nosotras debíamos ir practicando “al menos tres veces cada día” (esto es lo que el doctor nos decía) y comentar cómo nos había ido cada sesión.

A medida que el tiempo pasaba me sorprendía a mí misma hablando de mis miedos, mis agobios, mis experiencias… A pesar de dedicarme a la docencia no soy persona de explicar nada en público, suelo ser bastante reservada por lo que respecta a mis sentimientos. No sé porque razón empecé a hablar, pero lo hice.

El doctor Koen rebajó de manera extraordinaria todo aquel estrés y ansiedad con el que empecé el curso. Nos intentó transmitir paz y serenidad; nos hizo saber que todo lo que vivíamos y sentíamos era “normal”. Al principio noté cierta tranquilidad en mi estado físico, posteriormente; fui profundizando hasta y llegar a mi mente.

Poco a poco empecé a entender el significado profundo de aquella extraña palabra. Conecté cuerpo y mente, interioricé, me escuché… y me pregunté: “¿Cómo estás? ¿Aprovechas realmente cada momento de tu vida o te has dejado llevar por la inercia, por los automatismos? ¿Has exprimido al máximo cada minuto y cada segundo con la consciencia plena de que estos se van y nunca volverán?”

Estas fueron algunas de las preguntas que se agolparon en mi mente a medida que el curso avanzaba. Y un buen día me di cuenta de que no había aprovechado al máximo muchas cosas en mi vida porque me había dejado llevar por la rutina y el estrés. Me había perdido partes importantes y no había marcha atrás….., y eso me entristeció. Poco después pensé que el pasado no lo podemos cambiar, pero si podemos modificar nuestro presente y nuestro futuro, y esa idea me llenó de optimismo. Lo que al principio eran técnicas aisladas y aparentemente sin conexión tomaron forma como parte de un todo. Todas ellas estaban interconectadas para que cada persona pudiera encontrar su momento de consciencia plena.

Quiero agradecer al doctor Koen su dedicación; gracias a él y a la sofrología he encontrado la parte positiva a todo este duro proceso, a querer vivir la vida plenamente, no acumulando experiencias como los cromos que se coleccionan para quedar olvidados en un cajón, sino siendo totalmente consciente. Es todo un reto hacer llegar esta práctica a gente en nuestra situación donde las cosas no se ven siempre de manera positiva; pero, en mi opinión, el doctor Koen ha sabido llegar a cada una de nosotras.

Gracias también a José Antonio que ha sido testigo silencioso y respetuoso de todas nuestras historias. El silencio y la escucha activa son grandes virtudes. Realmente creo que tiene madera de sofrólogo.

Gracias también a esas nueve mujeres que ya formarán  parte de mi vida. Vuestros consejos, comprensión y empatía han hecho que cada miércoles haya sido un placer compartirlo con todas vosotras.

Matt, espero que tu sueño y proyecto de futuro se cumpla algún día.

Anna, seguro que la vuelta al trabajo será buena y cualquier día de estos te veremos en el Hospital del Mar con una gran sonrisa.

Ariadna, estoy convencida de que tus “picos” irán desapareciendo poco a poco y que el tiempo hará que vuelvas a ser tú plenamente.

Isa, deseo que toda tu “mochila” se vaya vaciando poco a poco y consigas la paz y la serenidad que mereces.

Pilar, que tus miedos se vayan disipando con el transcurso del tiempo, ya sabes que siempre nos quedará la montaña.

Rosa, ahora que has empezado a cuidarte y a dedicarte algunos minutos, no lo dejes. Que se convierta en algo que puedas disfrutar diariamente.

Maria Luisa, ahora todo este proceso parece no tener fin, pero en un futuro no muy lejano tendrás ese trabajo que tuviste que dejar apartado y retomar ese anhelado proyecto.

Carme, que tu futurización se haga realidad, que puedas disfrutar de muchos paseos con tu perro bajando desde tu casa hasta el mar.

 Ana, sigue siendo tan auténtica como eres, optimista y sonriente.

18 de marzo del 2015, Hospital de la Esperanza, sexta planta, la misma habitación blanca y fría con vistas al mar, sólo que hoy ya no me parece tan fría.

Os echaré de menos a todos y a esos pequeños-grandes momentos.

Firmado:

AAR.

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